Ha sido un año intenso, un año lleno de polémicas, pero también plagado de buenos libros, buen cine, buena música y mejores experiencias. He tratado de hacer un balance de todo lo bueno y lo malo que ha rodeado al mundo de la cultura. Durante trescientos sesenta y pico días nos hemos colado, literalmente, en vuestras casas. Y hemos tratado de estar lo más cerca posible de todos los que nos leen.
Los años estarán de acuerdo con nosotros si decimos que cada vez pasan más rápido, este, además, ha pasado a toda velocidad.
Si tenemos que elegir a la música para empezar, nos quedamos con Amy Whinehouse por haber protagonizado una de las despedidas de este 2011. Y tampoco nos olvidamos de Eduardo ‘Teddy‘ Bautista, hasta el mes de julio presidente de la Sgae, y al que se le acusa de delito societario, apropiación indebida y administración fraudulenta. Por otro lado, nos acordamos de la famosa Ley Sinde, cuyo reglamento precisamente no se aprobó hasta ayer. Una ley que incendió a la red, ¿recordáis al colectivo Anonymous?¿a Álex de la Iglesia, y su dimisión como presidente de la Academia de Cine?
¿Recordáis los enfrentamientos de mayo entre taurinos y no taurinos por los toros en Cataluña? Fueron todas noticias que abrieron telediarios. ¿Y las movilizaciones del 15 de mayo?
¿Os acordáis de cuando Ana María Matute recibía el premio Cervantes y, como en un susurro, nos dejó a todos atónitos con su discurso? “Desde aquel día en que oí por primera vez la frase ‘Érase una vez’ me conmovió toda mi pequeña vida”. Y como diría Ana María Matute… Érase una vez un hombre elegante, canadiense, ante el que todos nos quitamos el sombrero en el mes de octubre después de escucharle explicar que la vida, a veces, se reduce a un puñado de acordes. Leonard Cohen, a mí, también me conmovió.
La cultura siempre está llena de adioses. A Jorge Semprún, Ministro de Cultura, diplomático, escritor, pensador, cineasta y tantas otras cosas, le tuvimos que despedir en junio. Al hombre que llevaba tatuado el 44904 del campo de concentración de Buchenwald ya nada puede sucederle. Descansa para siempre a cincuenta kilómetros de París. Se nos marchó también Ernesto Sabato, el autor del Túnel, que es, como Semprún, de ese tipo de personas que nos ayudan a comprender los tiempos que pasan y los que están por llegar. Se cerraron también los ojos violetas de una gata, que escribió con letras de oro su nombre en el hollywood de antes, Elisabeth Taylor. Estaremos más cojos sin el cine de Sindey Lumet, la sonrisa de María Isbert y los diseños de Jesús del Pozo. Nos dejó Antoñete y ya no cantaremos más descalzos con Cesaria.
Es normal que estuvieran donde estuvieran se pararan delante de la tele a mirar las obras de arte que llegaban desde l’Ermitage, y que aterrizaron en el museo del prado. O los tesoros de Antonio López, que batió todos los récords en las exposiciones del Thyssen. Dicen algunos que nadie como él pinta la luz y que sigue empeñado en detener el tiempo.
Se nos ha ido otro año, pasaron muchas más cosas, claro que sí. Por ejemplo Jose Luís Sampedro, premio nacional de las letras, pero es imposible meterlo todo en un resumen, y al que escribe esto le falla demasiado la memoria.
Llega 2012, y ojalá que solo sean noticias buenas lo que nos encontremos, y ojalá que nos sigáis leyendo. Ojalá que la crisis y la envidia vayan juntas de la mano, por un camino muy muy oscuro, y se caigan, y nadie más sepa nada sobre ellas. Solo nos queda desearos mucha salud, que seáis muy felices y daros un abrazo enorme a todos. De no ser por vosotros, este blog no tendría sentido. Gracias por estar ahí.
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