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Queridos hijos magos

Queridos hijos magos. No es verdad que 2013 vaya a ser próspero ni feliz. No es verdad que todos nos queramos. No es verdad que empiece algo nuevo en estos días. No os he contado porqué Alberto no ha tenido regalos ni porqué su padre bebe y bebe y vuelve a beber. No os he contado lo mortales que pueden ser las cabalgatas y la falta de empatía. No os he dicho la verdad cuando me habéis preguntados si algún día moriréis/moriremos. He cambiado de canal. He vuelto a mentiros.

No os he contado que el tío ha descubierto este año dónde va la hache intercalada de la palabra desahucio, que antes siempre la ponía mal, así: deshaucio. No os he dicho que seréis unos maleducados porque tendréis una peor educación. Cuando el otro día fuimos a Urgencias dos veces con Martín porque ponía los ojos en blanco, eso tampoco os lo dije: lo de que no le hicieron un escáner cerebral para ahorrarse dinero.

Un momento de la Cabalgata de Reyes en Madrid. | Efe

 

Queridos hijos magos. No os he dicho que papá a veces tiene miedo y que los Reyes desgraciadamente existen, y que Dumbo no puede ni verlos. Os he traicionado algunas veces y os he mentido muchas más. Y me tocará seguir haciéndolo en pos de vuestra supervivencia.

No os he contado que a la vecina no se le cae la vajilla, sino que la tira furiosamente contra el suelo. No os he contado que es mentira el valor del esfuerzo y es una filfa la honradez: porque puedes hacer el pirata con un banco casero, ya ves, y entonces serás ascendido a timonel en una multinacional.

Queridos hijos magos. No he guardado los christmas en el cajón, como me pedisteis, para qué. Es mentira la igualdad de oportunidades. No es verdad que estuvieran los camellos en el salón. Y no eran migas suyas las que había en el suelo, sino magdalenas de Proust que devora la desvencijada aspiradora del tiempo.

Cogí todas las felicitaciones, las hice trizas y las tiré por la ventana. Y la calle parecía ayer la final del Mundial del 78, un Argentina-Holanda liberador, con todo el arrabal celebrando y el cielo encendido en papelillos dorados que eran puta mentira.

Queridos hijos magos. Cada año os costará más creer, cada año os costará más crecer, cada año os costará más vencer. Ahí están los ojos en blanco de Martín, esta crisis y esta sala de espera de Urgencias de un hospital privatizado con su economía de casino.

De todo el neón y toda la resaca, sólo queda un pedazo de felicitación que se ha salvado de la quema. Iba a tirar la última postal a la lumbre y me he quedado con un trozo entre los dedos, como el jirón de una bandera a la que engancharse.

Son ocho palabras náufragas, el único regalo decente de este padre aguafiestas para este año. Dice así: “Bienaventurados vuestros gritos, porque ellos cambiarán el mundo”.

 por Pedro Simón Pedro Simón


Mis inquietudes

Ante las amenazas que he recibido de cierto sector fascista quiero dejar lo más clara posible mi postura sobre los hechos que últimamente acontecen en España y parte del mundo.

Sobre los sindicatos, huelgas y manifestaciones: no apoyo a ningún sindicato actualmente, salvo aquel que considero que sí me representa como profesional sanitario, Satse, que incluso en tiempos de bonanza ha luchado por el prosperar de mi profesión. Al resto los considero meros actores trasnochados venidos a menos. Se aprovechan de la coyuntura economico-laboral actual para beneficio propio, cuando ya no les mantienen los bolsillos llenos o en oscura connivencia con el poder establecido. A pesar de todo esto, bien articulados son una herramienta útil e indispensable del trabajador, a través de los cuales históricamente se han conseguido grandes triunfos y derechos de los que actualmente disfrutamos todas las clases trabajadoras, y en los que se podrían conseguir muchos más beneficios e impedir abusos si, como ya he dicho, su quehacer se articulara conforme a un funcionamiento menos corrupto.

Los acontecimientos clave que vivimos a día de hoy, entre huelgas y manifestaciones, nos dejan un panorama días después vergonzoso por parte de sectores aislados y de la prensa amarillista que deberían centrar el titular y la opinión de la mayoría, no de grupos aislados. Considero imprescindible, en el contexto actual, que todo aquel que pueda asista a actos de este tipo, siempre que coincida con las reivindicaciones. Pues aunque no se coincida en uno o dos puntos, creo que hay sobradamente motivos para asistir, los hay más para ir que para no ir. Cualquier acontecimiento de este tipo debería aprovecharse para mostrar el descontento aunque no se esté de acuerdo en algunos aspectos, el fondo de la protesta viene siendo el mismo.

Sobre la violencia: no la comparto, de ningún tipo. Los insultos y actos violentos en general son claramente punibles y no me extenderé más en este punto. Hay medios por los cuales se articulan dos tipos de violencia que hasta ahora eran obviados: la policial y la estructural del Estado.

La violencia estructural que comete el Estado es más grave que cualquier otro tipo de violencia que podamos ver actualmente, lo aclaro a continuación:

No se puede entender el problema de la violencia política sin conceptuar a la política como la organización y aplicación sistemática de determinadas relaciones de poder, como la articulación de un conjunto de medios para la consecución y la preservación de éste. La política organiza el poder, le otorga forma estatal y viabiliza un proyecto socio-económico de clase. En este marco, la violencia es parte activa de la estructura social, no es sólo un instrumento o medio de lucha, sino sobre todo un modo de conflicto.

El surgimiento de la violencia política está estrechamente vinculado al desarrollo de la propiedad privada, y es sólo en el transcurso de la consolidación histórica de ésta, que la violencia se transforma en manifestación específica de poder social.

El principal organizador y concentrador de la violencia estructural es el Estado, de manera que cualquier intento por legitimar y justificar la violencia ejercida por la clase en el poder, pasa por legitimar el Estado. El objetivo básico que se persigue es despolitizar, desideologizar y neutralizar el Estado, presentarlo como el sintetizador del “bien común” y garante de la “ley y el orden”.

Históricamente a través de diversos medios de socialización -la estructura educacional, los medios de comunicación, entre otros-, la clase dominante ha ido configurando un sistema de valores, normas, conceptos y categorías tendientes a justificar su dominio: su preponderancia monopólica, sus instancias de organización y la vida de los individuos. Medios entre los cuales la autentificación del uso de la violencia en sus diferentes formas por parte del Estado, su institucionalidad, sus fuerzas armadas y policiales, han sido una constante. Esta manipulación ideológica se ha sostenido en tres ejes esenciales:

a) Ocultar la violencia estructural propiamente tal.

b) Legitimar la represión institucional.

c) Deslegitimar toda violencia social contra el sistema.

La violencia es inherente a una estructura social injusta, a un orden social basado en la explotación del trabajo por el capital, en la exclusión y marginación económica, social y cultural de vastos sectores de la sociedad. De hecho la violencia no se reduce únicamente a su manifestación más ostensible, a su forma represiva. Esta última es sólo una vía que permite mantener maniobrando y desarrollándose a la violencia estructural en su conjunto, al capitalismo.

La violencia no se puede separar de la política y no es sólo un instrumento auxiliar al cual se recurre en momentos de crisis. 1

A través de todo esto se articula la violencia policial. Podemos ver como tristemente se ha legitimado este tipo de violencia a través de un término conocido como monopolio de la violencia, como excusa para proteger al grueso de la población. Se prefiere invertir en este monopolio antes que en investigaciones científicas que resuelvan el problema del individualismo y el sistema monetario, causantes de la totalidad de los hechos criminales, trascendiendo así a éstos y llegando al colectivismo y otros sistemas similares propuestos por Jaques F.

A nivel individual se puede comprobar a diario como cada miembro que compone a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado ha olvidado que está al servicio del ciudadano, situándose y creyéndose por encima de éste. Muchos de ellos abogan por el patriotismo, con todo lo que ello conlleva, cuando deberíamos trascender también a él y abogar por el cosmopolismo y la eliminación de fronteras artificiales.

Sobre la lucha de clases y la política: la decadencia de la clase política actual es un hecho. Pero también hay alternativas maduras presentándose a liderar un cambio. Considero obligación de todo ciudadano que ejerce su derecho al voto democrático el estudiarse el programa de las alternativas políticas que hay sobre la mesa antes de ejercer este derecho a la ligera, obviando a aquellos más populistas o que históricamente han demostrado su incapacidad política. El compromiso es de todos.

Un compromiso ciudadano global como el que he escrito a lo largo de estos párrafos implica sacrificios que no todos están dispuestos a cumplir por pereza o incapacidad. Y creo que este es el gran problema, que no se hace un esfuerzo colectivo por mejorar, estudiar y trabajar intelectualmente en busca de una mejora trascendental.

D. Juste

Bibliografía:

1*: La haine – proyecto de desobediencia informativa.

2*: Weber, Max. The Theory of Social and Economic Organization (1964). p. 154

3*: Hobbes T., “Leviatán”.

4*: Engels: “La condición de la clase obrera en Inglaterra”, 1844.


Profesionales, el guiño.

Leyendo un artículo de Elvira Lindo sobre que “hay funcionarios y funcionarios”, compruebo que, en general, el trabajo del profesional sanitario es reconocido por muchos, sobre todo, por los que lamentablemente tienen que pasar por un hospital. La señora Lindo hablaba sobre el hospital Gregorio Marañón en concreto y sobre la eficiencia de su personal más allá de los recortes, sobre su entrega, sobre lo que tienen allí de sobrecarga asistencial y en definitiva, sobre la profesionalidad de sus trabajadores.

Quiero hacer extensible esta afirmación a todos los centros sanitarios que soportan día a día las exigencias de los usuarios, la demanda de la población, la austeridad en medios que ahora nos imponen, la responsabilidad de sus decisiones… y que lo afrontan con gran entereza, porque al final saben, que el paciente es a quien hay que proteger y cuidar, ya que la enfermedad no entiende de recortes.

El profesional está indignado, está siendo testigo de la reducción de sus retribuciones para que el país pueda afrontar “otros gastos”, y aún así, se pone la bata todos los días y hace su trabajo con la misma dedicación que en épocas más floridas. Cuando pasas por un hospital público, como paciente o como acompañante, compruebas el movimiento incesante del personal, compruebas que allí no se hacen crucigramas para pasar la jornada laboral y que los profesionales no van en coche oficial, muchos salen del metro y se meten al quirófano a salvar vidas o a mejorarlas. La vida en un centro sanitario no está parada, no se oye el tic-tac del reloj como se oye en muchas de las frías salas que tienen los Ministerios, no hay alfombras persas, ni lámparas de araña, ni un bedel custodiando una vacía habitación, en un hospital se huele la muerte y se siente la vida.

Esto es así, y es una verdad como un templo, dejemos de criticar al funcionario, y distingamos a los profesionales, como lo son, entre tantos otros, los sanitarios, que se levantan todos los días para velar por nuestra salud y que en definitiva, son el pilar del Estado de Bienestar, un Estado que debemos salvar a toda costa.

Por Amaia Uña.

Publicado originalmente en Mundo Sanitario.


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