Los cincuenta fueron una época de pegar saltos, tomar bebidas en el bar de Al, llevar el pelo cortado al cepillo e ir a cines al aire libre. En el laboratorio de conducta animal fue una época de accionar palancas, picotazos clave e idas y venidas en respuesta a destellos de luz, sonidos y patrones geométricos. Entonces llegó el rock and roll y el descubrimiento de la aversión condicionada al gusto. Desde entonces las cosas no han vuelto a ser lo mismo.
Todavía recuerdo claramente la remesa de rojo ponche de laboratorio que, hace años, consumí con excesivo afán después de haber comido dos raciones de tarta de queso con arándanos. Pero esa es otra historia – aunque particularmente divertida- que ya contaré en otro momento.
Desde entonces y hasta ahora. A este señor, neurocientífico de profesión, le debo mi pasión por la psicobiología y la neurociencia cognitiva. Podría decirse que todo lo que sé es gracias a él, en parte porque me motiva y bueno, porque me he leído todos sus libros. También los tengo llenos de esquemas, subrayados, con dibujos y con restos de yogurt – esa también es otra historia particularmente divertida-.
Quería que lo conocierais. Pues me ha vuelto a inspirar para continuar mi libro sobre neurocirugía aplicada. Si os interesa el tema, buscad y leed sobre sus trabajos, que son apasionantes.






13/01/12 at 00:23
Quiero oir la historia del yogurt ^^ =) tiene pinta de divertida e interesante!! un dia me la explicas!! jajaja no sabia que tenias blog, grata sorpresa, por supuesto. Me pasaré ya visto el tema
Por cierto ese libro sobre neurocirugia que se está cociendo en el horno, podría dar paseos por Getafe… es algo asi como… OBLIGATORIO!
=)
Eres taaan chupi y tan interesante! todo a la vez! ainsss!
Gracias por ser así, y por serlo tambien conmigo!
Xabe^^